martes, 14 de febrero de 2012

Afortunada

Cuando tienes manos a la que agarrarte cuando el mundo corre tanto que te sobrecoge el vértigo.
Cuando sabes que, si quieres, tus lágrimas nunca rodaran solas por tus mejillas.
Cuando da igual cuántas veces caigas, porque siempre te ayudaran a levantarte.
Cuando estás segura de que alguien te sacará una sonrisa, aún en los peores momentos.
Cuando ir al trabajo es una terapia de risas y complicidad. Cuando no sólo te las dan los niños.
Cuando tu más grave dilema es qué teléfono marcar parar buscar consuelo.

Todo da vueltas y te parece que no puedes seguir el ritmo. Pero siempre hay un buen copiloto guiándote y dando ánimo. Gracias a todos los que arropan a esta mente complicada y retorcida empeñada en dañarse a sí misma. Gracias al que lo vive todo, sin descanso, soportando el embiste de las peores tempestades, cobijando del frío temporal.

Aunque me parece la “fiesta” más tonta del mundo, os dejo una canción de amor de verdad.

Amores imposibles, Ismael Serrano
Cuando caiga la tarde, lo verás salir arrastrando de casa el calor del hogar. Cortará alguna flor, besará a su mujer, perseguirá la estela de un cometa fugaz. Y en la calle lo verás abrir la flor de su secreto. Y empezará a soñar. Quizá vaya al billar a mirar hombres y posturitas 1. Quizá invente una cita con un Adonis para él.
Ningún hombre lo amó. A nadie reveló su pasión y los juegos, el deseo clandestino. No hubo cartas de amor, no hubo día del orgullo. No le devolverán los veranos perdidos. Y Cernuda lo ve suspirar, triste, desde el Parnaso. San Sebastián asaetado reza por tus pecados, llora por ti, no olvida al que sufre en silencio a su oveja perdida.

Cuando salga de clase, lo volverá a encontrar en el lado salvaje, tras el humo del hash. Él, dulce calavera. Él, corsario de barrio. Ella, dulce muñeca. Ella, seria y formal. Él no escucha el rumor de sus alas si pasa a su lado. Pobre Blancanieves, nuestro príncipe prefiere a la madrastra, a la mala del cuento.
Él será la manzana donde duerme el veneno. Ella soñará un verso que él nunca escuchará. Él no trepará sus trenzas una noche de invierno. Ella soñará un viaje y no habrá despedidas. Ni canciones de amor, ni Capuleto y Montesco. Crecerán y en la espuma del tiempo se deshacen sus sueños. No quedará ni un recuerdo, ni en la noche un lamento. Quizá una leve herida
que lavará el olvido o el agua de la clepsidra 2.

Caminando hacia el sur, tomando la autopista, han abierto un garito, muy cerquita del pueblo, donde huríes 3 desnudas venidas de cien mundos celebran cada noche catorce de febrero. Y en la aldea un hombre suspira si el neón se ilumina. No tuvo Eva este Adán, no hubo asiento de atrás, ni caricias, ni cartas perfumadas, no hubo cita en el parque. No hubo chicas de Plan 4. Cuando caiga la noche lo verás entrar como cada domingo aseado y puntual. La encontrará en la barra, como a un delfín varado que ha perdido su estrella, que un día expulsó el mar. Ella escucha y él, enamorado, desnuda sus miedos.
Entre el ruido, benjamines de champán y otros delfines cobrando su rescate
a náufragos perdidos sueña raptar a su amante.

Miran al cielo y piden un deseo:
contigo la noche más bella.
Amores imposibles
que escriben en canciones
el trazo de una estrella.
Cartas que nunca se envían.
Botellas que brillan
en el mar del olvido.
Nunca dejes de buscarme
la excusa más cobarde
es culpar al destino,
es culpar al destino.


1.- Al final de la película de la Colmena, basada en la obra de Camilo José Cela, uno de los personajes, homosexual, le dice a otro: Vamos al billar a ver posturitas...
2.- Clepsidra: reloj de agua
3.- Hurí: cada una de las mujeres bellísimas creadas, según los musulmanes, para compañeras de los bienaventurados en el paraíso.
4.- Chicas de Plan: En 1985, inspirados por la película Caravana de Mujeres protagonizada por Robert Taylor, los habitantes de la localidad oscense de Plan decidieron organizar su propia caravana de mujeres para tratar de acabar con la soltería de los mozos del lugar.

domingo, 5 de febrero de 2012

Torpeza emocional

No la notas siempre. Te acompaña dormida, y la odias cuando te bloquea. Es la que te hace abrir un blog en lugar de hablar de tus sentimientos con tus amigos. Es la que te hace lamentar no haber dado un abrazo. La que te hace rodar lágrimas por el dolor de alguien a quien quieres, sin que ese alguien lo sepa jamás.

Esta semana alguien necesitaba aliento. Y un abrazo. Y sentir que no está sola. Y yo querría haberla abrazado hasta dejarla sin aliento. Querría haberle dicho muchas cosas. Pero no lo hice. Y luego me he sentido estúpida y egoísta por no franquear esa barrera.

No es la primera vez, ni será la última. Cuántas veces pienso en muestras de cariño y palabras una vez han pasado los momentos adecuados. Esos momentos en los que quieres que otras personas sepan que estás ahí. Para lo que quieran, para lo que necesiten. Pero no lo haces, te quedas como una imbécil sintiendo esa necesidad, incapaz de dar el paso.

Siempre creo que la gente a la que quiero nunca sabe hasta qué punto. ¿Y cómo lo van a saber? Siempre escondida tras un teclado, sin dar la cara es más fácil decir te quiero. Fría y muda en el contacto. Llorando a solas sin cargar a nadie con tu dolor, y sin ser capaz de aliviar el del otro.

Tenéis permiso para daros por queridos. También tenéis permiso para quejaros y reclamar lo que es vuestro. Supongo que pasaré la barrera, algún día.