sábado, 13 de octubre de 2012

Una de cal, otra de arena

Despedida. Alcohol, pocas horas de sueño, piragua, comida y juego de orientación por el monte. Y oye, al pie del cañón, como una campeona. La espalda como si no estuviese. Baño en el río asquerosillo incluido (que por joder y que acaben los novios en el agua, me baño yo también, qué coño). 

Eso sí, la semana siguiente, amiga, tienes que pagar tus excesos, y pasártela encamándote a las 10 como mucho y arrastrando los pies por el cole de lunes a jueves. Menos mal que el viernes hubo el bendito festivo, que aunque me importe tres pimientos más o menos, pues se agradece el poder descansar. 


Esto viene siendo el pan nuestro de cada día. Concierto un viernes a las 2 de la madrugada, aguante y disfrute, y recuperación de abuela de 80 años durante los siguientes 3 días. Cambio de armarios, siesta reparadora. O al revés, siesta reparadora y cena un jueves terrorífico en el que lo que más querrías es dormir unsa 30 horas seguidas. Menos mal que la compañía lo compensa todo y la sepia estaba de infarto.


Y en el horizonte, una quedada de Gallinas, que con la edad lo de Putis nos empieza a quedar un poco un intento de mantener el tipo que teníamos cuando nos conocimos. Aunque si miramos bien no hemos cambiado nada. Pero da igual, Putis o Gallinas, el caso es que se avecina reunión y a ver si conseguimos que hasta la siguiente no nos mate la morriña, que os echo más de menos que a la paga de Navidad. Y si la Axu nos recibe en pijama y recién llegada del trabajo, tranquilas, que estará mejor que las demás tras 3 horas de chapa y pintura. Qué guapa es la jodía. Axu, no te “pongas guapa”, que entonces ya no voy.


Las pajas mentales desaparecen, creo que también es producto de la edad. Y una ya no está tan preocupada por chorradas siderales y aprende a ignorar el mordisco del dolor, que juega contigo a moverse de sitio según le apetezca. Aprende a asumir que no se irá. Que no vale con ir “al sitio este, que a mi cuñado le fue tan bien”, ni “a esta mujer que a mi cari le quitó del todo aquello que tenía”. No funciona. Conmigo no. Hay que asumirlo y dejar de perder el tiempo en lugares mágicos que le han arreglado la vida a cientos de personas, sobre todo porque llego yo y les hago bajar la media de éxitos. Y cuando tantas y tantos te han mirado con cara de pena-desesperación-frustación y te han dicho: “no lo entiendo, siempre ha funcionado con todo el mundo, no sé qué más hacer contigo”, pues tú también te cansas, te pones la medalla de caso imposible y te grapas la sonrisa: no te preocupes, no pasa nada. Si casi me da pena y todo que no sepan qué hacer conmigo. A veces miento, digo uyyy si estoy mucho mejor, no te preocupes, y no vuelvo nunca más. Porque una tiene una agenda apretada en la que el descanso diario juega un papel muy importante. Como para andar con tonterías. Anda ya. 


Al final, un poco de música, un buen libro y la bañera llena acaban por ser el mejor de los remedios. Y no frustras a nadie si no te levantas como si vinieras de Lourdes.
Y la vida siguió. Como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.