lunes, 1 de diciembre de 2014

De cómo Alexis llegó al mundo

Hay una versión corta para resumir cómo fue mi parto. Bien. Alexis llegó tras no muchas horas de contracciones cortas e intensas y todo fue estupendamente.

 Hay otra versión más larga que habla de mujeres que te dicen “sí, puedes” y de miedos que ganan batallas a otros miedos. Esa versión más larga empieza con una mujer que no sabe si podrá hacer las cosas como quiere. Porque sabe que su cuerpo la boicotea muchas veces. Es la misma mujer que tiene pánico a no controlar la situación y que todo acabe orquestado por un montón de gente con batas blancas en un entorno extraño. 


Para mí era muy importante que Alexis llegara al mundo de una forma respetada e íntima. Pero, ¿me iba a dejar mi espalda? ¿Me iban a dejar las circunstancias? El miedo a no poder hacerlo, a no saber hacerlo, me picaba por las noches en la boca del estómago. Me susurraba todas las cosas feas a las que me abocan mis limitaciones.

Desde el principio busqué cómo podía evitar ir a ciegas a parir bajo las órdenes de personas que no saben quién soy. Sí, hay gente en los hospitales que te respeta. Sí, mi ginecóloga es una mujer estupenda que siempre me ha apoyado. Pero ese día, ¿quién me atenderá? ¿Se puede comparar una sala de hospital con mi casa?

Y así me topé con un maravilloso equipo de mujeres poderosas que te miran a los ojos y te preguntan a qué temes. Y te informan y te tranquilizan porque te conocen. Saben quién eres y ese día son como un respaldo que te recuerda que sí, que tu parto es tuyo y que sí que puedes.

Cuando todo empezó, a las 4 de la mañana rompiendo aguas, el cosquilleo del miedo me empujó de nuevo. Y todo parecía ir tan rápido… A las 5 ya empezaban las contracciones y muy pronto eran seguidas. Cuando llamamos a Luci no sabíamos si era ya momento de llamarla o no. Pero cuando oí, en medio de una contracción que ya empezaba a picar, que ya venía… Todo estaba ya en marcha. En horas iba a tener a mi nena conmigo.

Luci llegó y yo ya había estado en mi bañera. Un ratito en la silla de partos apoyada contra la cama mientras ella montaba la piscina. Y mis lumbares pegándome fuerte en cada contracción. Escucha la llamada… la vida fue un ensayo hasta ahora. Ismael Serrano sonando de fondo para calmar mi alma, y de vez en cuando, Macaco trayendo su luz. Hoy, empezamos de nuevo, hoy. Alzamos los brazos, cambiamos el paso. El primer día de tu vida puede ser hoy.

Bendita piscina de partos. ¡Bendita agua caliente! Me meto allí y sé que ya hay más gente a mi alrededor, sé que de alguna manera ha llegado Blanca para hacer las fotos (–¿Te molesta el flash? –¿Qué flash?) y sé que también están Marieta y Roser. Pero no soy del todo consciente. Sé que en ese rato de piscina Jordi me coge las manos y no se aparta de mí. Sé que me ofrecen agua, recuerdo a Luci diciéndome la verdad, nada de mentiras azucaradas como no pasa nada; no, la verdad: es duro, es difícil, pero puedes. Recuerdo ser consciente de empezar a empujar. Sin guiones, sin nadie que me diga lo que tengo que hacer. Sólo mi cuerpo y mucho respeto y amor a mi alrededor. Recuerdo a Roser recordándome que podía tocarme y buscar la cabeza. Y mi expresión frustrada: aquí aún no hay nada! No pasa nada, todo llega. Marieta me deja estrujarle la mano y yo me cambio de postura en cada contracción, mientras sigo diciendo que no puedo. Llevo desde las 9 de la mañana diciendo que no puedo pero parece que no es cierto. Jordi no se separa de mí y tengo la sensación de que no podría hacerlo sin tenerle al lado.

Me van mirando con un espejo y una linterna. Toco de nuevo y ahora sí, ahí está la cabeza. Llegarás como abril, mi fin de semana eterno. Bailaré para ti, reina de todos mis torneos. Si los lunes te duelen yo te levantaré. Cuando el viento arrecie, permaneceré de pie. Es lo que necesito, ha pasado un buen rato y yo estoy cansada, pero ya llega, ya está aquí. Quiero empujar con todas mis fuerzas, quiero tenerla conmigo.  Le grito a Jordi que vaya a ver la cabeza, que vea cómo está llegando nuestra nena.

Unas contracciones más y siento cómo mi cuerpo se abre por completo, como si fuera a partirme en dos. Pero sé qué significa eso. Ya está aquí. La cabeza ya está fuera y yo casi no puedo ni creerlo. No queda nada. Un par de empujones más y oigo cómo me dicen que la coja. La cojo yo, con mis manos, de entre mis piernas, recién salida de mi cuerpo, mi beba ya está aquí.  Ya está, he podido, lo hemos hecho juntas. No puedo ni explicarlo, Ismael suena de fondo para acompañarla nada más llegar. Ya verás amor, que nos va a acompañar siempre, tantos años lleva tocando nuestras almas. Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad, me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle. Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad, se derrumban los palacios y traes verde a sus solares. Haces que este otoño ilumine mis mañanas y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo. Traes un corazón para cada hombre de hojalata. Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.

Jordi corta el cordón que ha dejado de latir. Poco después con un par de ligeras contracciones recojo nuestra placenta. Es enorme y fantástica. Salgo de la piscina y me parece que tengo toda la energía del mundo. Poco después llegó Núria a conocer a nuestro pequeño milagro. Gracias por estar, amor, ¿sabes que te quiero?

A partir de aquí sólo quiero abrazarla. Abrazarla, mirarla, besarla. Alexis, cambiaste nuestras vidas hace meses y ahora todo gira en torno a ti. Gracias mi nena por hacerlo tan maravilloso. Gracias a Jordi por ser el mejor compañero que nadie pudiera soñar. Por estar a la altura siempre, por sobrepasar expectativas, por darme tanto. Gracias a Blanca por el regalo de esas imágenes que hablan por sí solas. Gracias Nuria por ser la mejor tita postiza del mundo. Gracias a Sunna por portarse tan bien y no separarse de nosotras, por esos lametones en los pies. Y gracias a las dulces Luci, Roser, Marieta y Laia, que se perdió el parto pero muy pronto conoció a Alexis. Por hacerme creer en mí misma. Por apoyarme y sacar lo mejor de mí. Por la resolución de dudas nocturnas. Por tan maravilloso acompañamiento en el momento más importante de mi vida. Cuando haga un mes nos vamos a sentir muy solos :*



Más fotos

jueves, 20 de noviembre de 2014

Consejos que no he pedido y ESOS niños

Todas las recién paridas de mi entorno (últimamente unas cuantas) coinciden en una cosa: están hasta las narices de mucha gente. No hago más que oír: ya verás, te van a decir de todo; qué agobio, todo el mundo cree que sabe más que tú; prepárate para millones de “consejos”.

Y es que parece que cuando el ser humano conoce a una embarazada o recién parida ven un cartel en su frente que dice: “oh sí, cuéntame todo tu conocimiento sobre el mundo bebé, por favor, lo estoy deseando”. Da igual que no tengan hijos y que no hayan convivido con un bebé en su vida. Todo el mundo tiene algo que decir.

Cuando te compras un coche, unas vacaciones, unos vaqueros o un piso nadie viene a acribillarte con su sabiduría y a pretender dejar bien claro tu inutilidad. En cambio cuando vas a ser madre o acabas de serlo, parece que todo el mundo se cree con derecho de meter las narices.

“¿Otra vez a la teta?” “Tienes que dejarla llorar” “No la vas a sacar de tu cama en la vida, es mejor que duerma en su cuna” “¡Cómo la vas a llevar en un fular metida!” “Se queda con hambre” “Te usa de chupete” “La tienes enmadrada”  y así hasta el infinito. Y yo estoy por encargar ya una cinta para ponerme en la cabeza que diga: no te he pedido tu puta opinión.  Y eso que aún no he parido. Porque la niña dormirá donde me salga a mí de las narices, comerá cuando y como a mí me salga de las narices, la llevaré donde me salga a mí de las narices y la enmadraré todo lo que me salga a mí de las narices. Y con quien tengo que consensuar eso es con su padre, que oye, mira tú qué casualidad, de momento estamos de acuerdo en todo. Así que la lengua, al bolsillo.

Consejos útiles, prácticos y constructivos tipo: “al principio va muy bien la ropa que se abre entera porque así no tienes que meter nada por la cabeza y no se agobian”, son muy bienvenidos. Si tu consejo va a cuestionar mi manera de criar, que hemos decidido mi pareja y yo, es mejor que te calles la boca. Porque las sonrisas falsas de “habla, habla que haré lo que me dé la gana”, al final se acaban, y una acaba siendo una borde, y oye, no hace falta, ¿no?

Y cambiando de tema, hoy ha llegado a mis manos carta De una maestra a los padres: sobre ESE niño quepega, interrumpe e influencia a tu niño y me ha tocado la fibra. En general tendemos a ponernos muy poco en el lugar del otro. A exigir más que a comprender. A juzgar sin saber. Y si supiéramos… Nah, me ha pillado sensiblona. Ojalá todos ESOS niños tengan una maestra como la de la carta. Y un grupo de familias como el que conocí hace ya dos años. Y ojalá aprendamos a ponernos un poco más en la piel del otro. 

martes, 4 de noviembre de 2014

El día de la ira

Nunca fui mucho de banderas. Me importan bastante poco. El fenómeno independentista, sin embargo, casi te obliga a posicionarte. Y eso al principio era difícil, había que ir fintando para defender lo tuyo y lo de todos sin que nadie se estresara. Pero el mundo está lleno de gente obtusa que te acorrala y te empuja y luego se sorprende de que saltes y los mandes a la mierda. No todo el mundo, claro. Hay gente muy respetuosa en sus argumentos con la que siempre da gusto hablar. Y conozco muchos que votarían NO y defienden la consulta. Es lo que tiene la democracia. Ah no, en España no.

Ay calla, que soy catalana, no me puedo quejar de nada que lleve la maravillosa Marca España. Porque te responden que te calles, que en Catalunya también hay mierda. No te jode, mierda hay en todas partes. Pero de momento, para bien o para mal, por suerte o por desgracia, nos guste y/o nos disguste, Catalunya está dentro de España. Y yo respeto que haya quien tenga fe en este país, que defienda que no sólo hay mierda, pero es que yo no lo veo así, será que estoy muy negativa. Dani lo resume de puta madre: “Es que ahora mismo España es lo que es. Otra cosa es lo que nos gustaría que fuese, pero lo que vendemos al extranjero (quitando turismo) es corrupción, olor a rancio, pensamiento retrógrado, país de listillos, ordeno y mando, machismo estructural, nada de separación de poderes, iglesia en la sombra, ridículo en situaciones serias, mirar para el otro lado, amiguismo, defensa del poderoso, abuso del pobre, miseria, desahucios...”.  Es que en Catalunya también hay de eso. Y dale molino. Que sí, coño, que sí, y quien defiende la independencia es gilipollas y defiende la mierda de aquí? No, oiga, la mierda de aquí también la queremos llevar a la hoguera, los independentistas y los no independentistas. Me da igual que me enculen con Ñ que con NY. No quiero que me enculen y punto. Si algún día Catalunya no es España, pues vomitaremos sapos y culebras sobre la mierda de aquí y trataremos de limpiarnos de ella. Pero de momento, creo que no hace falta que cada vez que nos caguemos en alguna barbaridad especifiquemos de qué CCAA proviene. Ah no, que sólo hay que especificar que en Catalunya también hay mierda. Que si se queja un valenciano o un madrileño no hace falta. Y que si te quejas de algo te salen con Pujol, como si yo a Pujol lo tuviera aquí tomando café cada domingo. Señores, que Pujol no representa el independentismo, representa a su puto bolsillo, que es un ladrón que se sube al tren que más pasta lleve! Y que sí, que también hay que llevarlo a la hoguera! Tengo cara de gilipollas o qué? Y que cada vez que nos quejamos de algo no viene implícito que aquí en concreto se hagan mejor las cosas. Pero mira, de momento nos follan de todas partes y no podemos quejarnos de ninguna.
Ojalá pete todo de una vez y se despierte todo el mundo (todo el mundo eh, con Ñ y con NY).

Llegará por fin el día de la ira; vestirás de abril las calles y las plazas; construirás tu nido en mis manos de encina; desharemos el camino y la cama.
Llegará por fin el día en que despiertes. Temblarán por fin los templos de la usura, todo será incierto, todo menos tu vientre. Nuestros dioses sonreirán si me desnudas.
Escribid poemas de amor en cada muro, flores en el pelo para el funcionario, señalemos sin piedad al rey desnudo, levantadme tarde y vístete despacio.
Somos el rumor en el silencio, un estruendo de aves que se acerca, domingo soleado en los inviernos, el abrazo en cada borrachera. El verso inconcluso de tu rabia, una risa en plena madrugada. Somos la alegría que regresa, el día de la furia en primavera.
Para defender tu paz y tu alegría, vestirás de abril los grandes bulevares. Llegará por fin el día de la ira: un otoño de cenizas y bigbanes.
Y la hiena financiera y su dinero sacarán sus garras de los hospitales. Curarás el ala rota del maestro; te dirán que no te vayas los juglares.
Llegaré hasta a ti como agua hasta la cuenca, con pasión se besarán los generales, planearemos nuestra huida en asamblea. Todo está pasando justo en este instante.
Tú y yo conspiraremos en los bares, nadie podrá decidir sobre tu vientre; epitafios para obispos sin amante, besos para cada princesa durmiente.

Somos el rumor en el silencio,
un estruendo de aves que se acerca,
domingo soleado en los inviernos,
el abrazo en cada borrachera,
el verso inconcluso de tu rabia,
una risa en plena madrugada.
Somos la alegría que regresa,
el día de la furia en primavera.


Ismael Serrano

lunes, 21 de julio de 2014

Ideas desordenadas sobre crianza

Corre por ahí este artículo y después de leer a algún@s llevarse las manos a la cabeza y a otr@s suscribirlo punto por punto con entusiasmo, me pregunto si soy la única que cree que esta señora es un caos en sí misma que mezcla churras con merinas. Menos mal que @amaterasu_n coincide.

1. Tenemos miedo a nuestros hijos
Suelo hacer una prueba por las mañanas en la que observo cómo un padre da el desayuno a su hijo. Si el niño dice: "¡Quiero la taza rosa, no la azul!" aunque la madre ya haya echado la leche en la azul, trato de observar con cuidado la reacción de la mamá. La mayoría de las veces, se pone pálida y vierte el contenido en la taza que el niño prefiere antes de que le dé un berrinche. ¡Error! ¿De qué tenéis miedo? ¿Quién manda de los dos? Deja que llore si quiere, y vete de ahí para no escuchar el llanto. Pero, por favor, no trabajes de más sólo para agradar al niño. Y, lo más importante, piensa en la lección que le estás enseñando si le das todo lo que quiere sólo por ponerse a llorar.

No te cambio la taza porque mando yo, o no te cambio la taza por una cuestión de sentido común, porque ya he puesto la leche en la otra? Yo veo una gran diferencia. Que deje que llore? Y si le explico el motivo y le explico que mañana tendrá la taza que quiera? Qué tiene de malo que elija la taza? Ah, que mando yo…

2. Hemos bajado el listón
Cuando los niños se comportan mal, ya sea en público o en privado, los padres tienden a encogerse de hombros como diciendo: "Así son los niños". Te aseguro que no tiene por qué ser así. Los niños son capaces de mucho más de lo que los padres normalmente esperan de ellos, en cuanto a sus modales, al respeto por los mayores, las tareas del día a día, la generosidad o el autocontrol. ¿Crees que un niño no puede quedarse sentado durante la cena en un restaurante? Nada de eso. ¿Crees que un niño no es capaz de quitar la mesa sin que se lo pidan? De nuevo, no es así. La única razón por la que no se portan bien es porque no les has mostrado cómo hacerlo y porque no esperas que lo hagan. Así de simple. Pon el listón más alto y tu hijo sabrá cómo comportarse.

La mayoría de familias que son esclavas de sus hijos y que les dejan hacer lo que les salga de las narices lo hacen por pura comodidad. Es una ardua tarea educar, y más sin gritos ni exigencias, así que no, no creo que sea cuestión de que tengan bajo el listón. De hecho, luego en otras ocasiones esperamos que los niños se comporten como adultos (también para nuestra propia comodidad)

3. Hemos perdido las costumbres del pueblo
Antes, los conductores de autobús, los maestros, los tenderos y otros padres solían tener carta blanca para corregir a un niño maleducado. Actuaban como ojos y oídos de la madre y el padre si los niños estaban fuera de su vista, y todo el mundo colaboraba por un interés común: criar de forma adecuada a niños y niñas. Todo el pueblo se volcaba. En la actualidad, si a alguien que no es padre del niño en cuestión se le ocurre regañarlo, a los padres no les hace ninguna gracia. Quieren que su hijo parezca el niño perfecto, y por eso no aceptan que los maestros u otras personas digan lo contrario. Montarán en cólera e irán a hablar con el profesor antes que con su hijo por haberse portado mal en clase. Sienten la necesidad de proyectar una imagen perfecta al mundo y, por desgracia, su inseguridad se ve reforzada porque muchos padres se juzgan entre sí. Si un niño se pone a berrear, todas las cabezas se girarán hacia la madre con una mirada reprobadora. En su lugar, debería ser respaldada, porque hay muchas posibilidades de que el berrinche haya tenido lugar por no haber cedido ante alguna de las exigencias de su niño. Más bien, esos observadores deberían decirle: "Buen trabajo. Sé lo difícil que resulta poner límites".

Bueno, de acuerdo en parte. Es un tema complicado, porque hay quien recibe como una terrible ofensa que le digas a su hijo que no tire un papel al suelo, y hay quien sin que se lo pidas viene a cuestionarte tu vida entera.

4. Confiamos demasiado en los atajos
Me parece maravilloso que los padres tengan todo tipo de aparatos electrónicos para entretenerse en un vuelo o en la sala de espera del médico. También es fabuloso que podamos pedir nuestra compra online, y que podamos calentar comida sana a golpe de microondas. Los padres están más ocupados que nunca, y estoy totalmente a favor de tomar el camino fácil siempre que sea necesario. Pero los atajos también pueden ser una pendiente resbaladiza. Cuando descubres lo bien que Caillou entretiene al niño en un avión, que no te tiente la idea de ponerle los dibujos en un restaurante. Los niños también tienen que aprender a ser pacientes. Tienen que aprender a distraerse ellos solos. Tienen que aprender que no toda la comida va a estar siempre caliente y lista en menos de tres minutos y, si es posible, también tienen que aprender a ayudar en la cocina. Los bebés tienen que aprender a tranquilizarse solos; no hay que sentarlos en una silla vibradora cada vez que se pongan quisquillosos. Los niños tienen que aprender a levantarse cuando se caen, en vez de subir los brazos para que mamá y papá les cojan. Enseña a los niños que los atajos pueden servir de ayuda, pero que resulta muy satisfactorio hacer las cosas por la vía lenta.

Los bebés tienen que aprender a tranquilizarse solos? Ves, churras y merinas. Los niños tendrán que aprender a ser pacientes cuando la situación lo requiera, pero tú si esperas en la sala del dentista qué prefieres, mirar las musarañas o leer un libro? Pues jódete, no hay libro, aprende a ser paciente, hombre ya!

5. Los padres ponen las necesidades de los hijos por encima de las suyas
Naturalmente, los padres tienden a cuidar de sus hijos en primer lugar, y esto es bueno para la evolución. Yo defiendo la idea de crear un horario que se ajuste a las necesidades del niño, y que la alimentación y la ropa del niño sean prioritarias. Sin embargo, los padres de hoy en día han ido demasiado lejos, sometiendo sus propias necesidades y salud mental a las de sus hijos. Cada vez con más frecuencia veo a mamás que se levantan de la cama cada dos por tres para satisfacer los caprichos del niño. O a papás que lo dejan todo y se recorren el zoo de punta a punta y a toda prisa para comprarle a la niña una bebida porque tiene sed. No pasa nada por no levantarte en mitad de la noche para darle otro vaso de agua a tu hijo. No pasa nada si el papá del zoo dice: "Claro que vas a beber agua, pero vamos a tener que esperar hasta llegar a la próxima fuente". No pasa nada por utilizar la palabra no de vez en cuando, ni hay nada malo en pedirle a tu hijo que se entretenga solo unos minutos porque mamá quiere usar el baño en privado u hojear una revista.

Y volvemos a mezclar. O sea que es lo mismo que tu hijo te pida agua en mitad de la noche y tú te levantes a darle agua, que perder el culo por no decirle en el parque que se espere a beber cuando encuentres una fuente. Es que qué tiene que ver el tocino con la velocidad?


Esta señora mucho lerele y poco larala. Y fun y pin.

Alexis

Bueno, ya la conocéis, pero en el blog no estaba oficializada. Alexis vendrá a casa en noviembre ;)
No hace falta que os diga que es el momento más feliz de nuestras vidas.


lunes, 10 de marzo de 2014

40 primaveras

Después de leer a Ismael por su 40 cumpleaños no puedo más que responderle.

He leído la canción. Y entre eso y tu cumpleaños, me has dado una nostalgia terrible. Parece que era ayer cuando me sentaba con 14 años yo, 23 tú, y te descubría por primera vez. No sabes lo que lloré. No sabía aún que ibas a acompañarme en cada momento de mi vida. En cada paso, los firmes y los inseguros. En cada lágrima y cada caída. En cada remontada.
Ha llovido mucho y sigo necesitándote. Nuevas canciones, nuevas luchas. Necesito los directos como una droga a la que no puedo renunciar. No recuerdo vivir sin tu voz. Es ese pequeño espacio sólo mío. Tus letras, tu voz, y yo. Con todo lo que tengo por limpiar. Con todo lo que duele. Con todo lo que se cura.

Verte cumplir años me hace recordar lo jóvenes que fuimos y cómo hemos cambiado. Te deseo lo mejor, y que la vida te trate tan bien como te mereces. No dejes de acompañarme nunca. Un beso.


ÉRAMOS TAN JÓVENES

Eramos tan jóvenes que dolía casi todo:
Madrid, su puerto de mar, el rumor de sus olas...
Como una yedra el tiempo gateaba silencioso.
Cómo acercarme a ti sin parecer un idiota...

Intento recordar cuál era la repuesta:
dónde estaremos cuando los dos cumplamos cuarenta.
Cantaba Kurt Cobain, cerraba de un portazo, huía,
y mientras tu suspirabas, se aplazaba la vida.

Eramos tan jóvenes que parecían verdad
el asta que soñabas en la frente de un corcel,
las prisas sin maleta en aquel maldito hostal,
la playa sin naufragio a la que juraste volver.

Mis padres se han marchado, cocinaré espaguetis.
Los viernes por la noche ardiendo como ave fénix.
Rones y amanecida planeando barricadas,
pañuelos palestinos cuidándonos las gargantas.

Ahora que llego a casa, que todos los mares se aquietan,
repaso lo que he vivido, recuerdo nuestras promesas
y he de decir que he cumplido con algunas y no es poco.
He sobrevivido al otoño, a su mordisco de lobos.

Amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada,
un hechicera abre el cielo cuando le canto una nana.
Puede que al mirarme ahora con ojos de aquellos días
reconozcas al muchacho que a ciegas te desvestía.

Éramos tan jóvenes que todo nos nombraba:
versos de Benedetti, cada amante en su perjurio,
todo barco que encallaba en el banco de tu plaza,
Julie Delpy y Ethan Hawke borrachos junto al Danubio.

Ateo sin salvación, tú eras mi zarza ardiente,
traías el carnaval a finales de septiembre.
Llamaba de madrugada desde cualquier cabina,
gritaba mil maldiciones mientras Bagdad ardía.

Eramos tan jóvenes que todo nos curaba:
los libros de Kundera, tus besos zapatistas,
el asiento de atrás, dormir sobre tu falda,
Marcos, subcomandante, cantándonos por Sabina.

Intento recordar cuál era la repuesta:
dónde estaremos los dos cuando cumplamos cuarenta.
Cerraba Kurt Cobain tu corazón de un portazo
y mientras tú llorabas memorizaba tu abrazo.

Ahora que llego a casa, que todos los mares se aquietan,
repaso lo que he vivido, recuerdo nuestras promesas
y he de decir que he cumplido con algunas y no es poco.
He sobrevivido al otoño, a su mordisco de lobos.

Amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada,
un hechicera abre el cielo cuando le canto una nana.
Puede que al mirarme ahora con ojos de aquellos días
reconozcas al muchacho que a ciegas te desvestía.

martes, 11 de febrero de 2014

Yo venía a hablar de mi pelo

Quería escribir algo bonito. De hecho, quería contaros cuánto me gusta mi pelo. Y lo curioso de ver fotos de hace cinco años y pensar: ay, ahí sí que estaba bien. Sin darte cuenta de que hace cinco años te veías igual de mal que te ves ahora, y mirabas fotos de hace diez diciendo: ay, ahí sí que estaba bien. O sea, que nunca vas a estar mejor que ahora. Y yo siempre me veo fatal, es la verdad. Pero coño, cuánto me gusta mi pelo. Ahora. No el de hace no sé cuánto. El de ahora, el de hoy. El de recién salida de la ducha secado a su aire sin nada de nada.


Eso venía a contaros yo. Pero me he tropezado por el camino. Me he tropezado como tantas y tantas otras veces en la vida. Esas veces que no te tropiezas con nada concreto. Se te acumulan las piedrecillas en el camino y un día te levantas hasta los cojones de tener que luchar siempre tanto por todo. De que cada triunfo sea un camino ensangrentado. Cansada de que nunca se te presente nada mínimamente fácil. Esos días en que piensas que en otra vida debiste putear mucho a tu prójimo. Y miras tu caminito lleno de piedras. Qué hijas de puta. Se te van colocando ahí, aprovechando que siempre las miras y mantienes la sonrisa, pensando, qué más da, una piedrecilla, puedo con ella. Y un día sin darte cuenta no das abasto con tanta piedra y de verdad, de todo corazón, te quieres quedar en la cama a ver si se te allana un poquito el camino. Un poquito, tampoco hay que ser exigentes. Lo justo para que la jornada no se te antoje eterna y la idea de huir muy lejos no te resulte tan atractiva.


viernes, 17 de enero de 2014

El espejismo

Uno de los pocos que mejora tus canciones, Ismael.



Ismael Serrano - El Espejismo (con Nach)

Antes de la tormenta
Cuando nos mentía el mundo
Y lo único que hacíamos
Era levantar otro espejismo
La realidad comienza
donde empiezan nuestros sueños
pues vivimos.

Vivíamos el cándido espejismo.
Ingenuos, devorábamos sumisos
ilusiones
creadas para nuestras inventadas
y justas necesidades.

Y entre anuncios que nos recordaban
que éramos felices, un disparo
de realidad
hablaba de explosiones, de tormentas,
de la guerra y del hambre.

Pero era un eco tenue, muy lejano, algo difuso.
La realidad termina donde acaba el espejismo.
Contentos con el miedo y endeudados, nos dormimos
mientras otros trazaban el futuro.

Pero a veces
sueño con romper el muro, el espejismo.
El mundo duele menos si te miro.
A veces dudo de estar cuerdo, más aún,
de estar vivo.

Y más allá del espejismo,
de este único camino,
existen nuevos paisajes,
nuevos sinos...,
un futuro escondido,
el más real de los destinos
nuevas direcciones,
donde dirigirnos si estamos perdidos,
tantas cosas por nombrar,
tantas por desear,
por sentir y por hacer,
todas contigo,
todas contigo.

Escucha:
Si realidad llama a tu puerta,
dime cómo iras vestido,
cuando, su mano abierta,
te abofetee y te maree el ruido
sordo de su golpe,
por ser torpe y responsable,
por creerte ese cuento,
que invento la tele por cable.
Imágenes de guerra y hambre
pero sufrían otros;
la enfermedad, la miseria,
la carga en los hombros
de hombres cuya sombra es negra,
como la muerte, cuyas vidas se quiebran
sobre las piedras más fuertes.
Tu flotabas en tu oasis,
¿fue un refugio, o una jaula?
ahora es la crisis la que pagas,
y la verdad recauda.
Te defrauda ver que el fraude va a más,
pasas de testigo a victima
en milésimas, qué lastima das,
vas cogiendo las migajas, ya no te relajas,
ves que tu mansión de paja voló,
sientes que cuaja el dolor, estás desnudo,
una vez se ha roto el muro,
en nudo es duro, predecir el futuro
y será mejor así.
Ahora que miras de frente
y el accidente de otra gente,
ya no te es indiferente,
el fin del mundo viene a verte
y el salto se convierte en mortal.
Puede que el viaje sea más incomodo,
pero es real.
Y aunque el abismo te acorrale,
tú, no estarás dormido,
irás corriendo en busca
de ese futuro que está escondido.
Aunque levanten espejismos,
te irás como un fugitivo,
por nuevos caminos,
con menos de todo,
pero más cuerdo, más sabio, mas vivo...

Y ahora que
por fin se ha roto el muro, el espejismo,
el mundo duele menos, pero si te miro.
Ya no dudo: no estoy cuerdo,
más aún, estoy vivo.

Y más allá del espejismo,
de este único camino,
existen nuevos paisajes,
nuevos sinos...,
un futuro escondido,
el más real de los destinos
nuevas direcciones,
donde dirigirnos si estamos perdidos,
tantas cosas por nombrar,
tantas por desear,
por sentir y por hacer,
todas contigo,
todas contigo.

Tras la tormenta
queda reinventar el mundo,
aunque haya quien
hoy quiera levantar otro espejismo.
La realidad termina
donde acaban nuestros sueños,
pues vivimos...