domingo, 28 de julio de 2013

CARLA y HUECCO

Voy a compartir con vosotros esto de @Huecco (Facebook

Porque me ha hecho empezar el domingo a lágrima viva. Y porque nunca entenderé porqué tanto hijo de puta haciendo el mal está por ahí suelto. 

HASTA SIEMPRE, CARLA... 

Aún recuerdo su cara cuando vino a pedir ayuda al camerino en un concierto de Albacete: 

"¿En qué te podemos ayudar?" -pregunté. 
"Somos una Asociación un poco extraoficial, salvamos mujeres, nos llaman de emergencia amenazadas de muerte por sus novios o ex-maridos, cojo un coche, me pago la gasolina, las recojo en la otra punta de España y las cambiamos de ciudad para que empiecen una vida nueva. A veces llegamos a tiempo, otras no. Hay gente que critica nuestro método pero el resultado son mujeres vivas" -Me dijo contundentemente.

Carla tenía esa luz en la mirada que sólo tiene la gente auténtica, era una luchadora con halo. 

"Qué harías si pudieras pedir un deseo para tu fundación?" -le dije. 
"Me gustaría tener una furgoneta de 9 plazas para poder transportar más mujeres amenazadas, en mi coche no cabemos y está muy viejo"-me respondió. 

Y le donamos una furgoneta que elegí personalmente en un km 0 de la carretera de Toledo. Esto no tiene ningún mérito. Yo pongo un instrumento que en sí mismo es inútil si ella no pone la batalla, el trabajo, la furia devorando kms en pos de poder salvar una vida más en cualquier punto de España cuando sonaba su teléfono. 
Esa era Carla a sus 33 años. Qué manera de guerrear en positivo... Uno de los días más felices de toda mi vida fue cuando me escribió un email al año siguiente narrándonos las vidas que había salvado esa furgoneta (ya ves, las que había salvado ella más bien), los hijos que se habían mareado y vomitado en ella, las lágrimas vertidas en los asientos y mil historias, dramas de mujeres huidas amenazadas que sólo quieren empezar de nuevo en otro lugar y recuperar la esperanza de vivir y la autoestima arrasada. Carla conducía la furgo y dirigía la Asociación La Mujer es Una Diosa, de la que luego me hicieron padrino y socio de honor. El honor ha sido mío de que la vida me cruce con gente como ella, su hijo y todas esas mujeres de la Asociación, cada cual con una historia increíble detrás y con quienes tuve el privilegio de cruzar impresiones en varias ocasiones y tomar té en su casa. "Se acabaron las lágrimas" era su himno. 
Cada Navidad le enviábamos a Carla desde la Fundación Dame Vida una caja de embutidos con un jamón porque todas esas mujeres (más de 30 repartidas en diferentes casas de acogida) celebraban la Navidad con legumbres y botes de comida que les donaban algunos supermercados. A mí se me caía el alma a los pies de ver cómo no tenían un chorizo, fuet, jamón o queso en una fecha tan señalada, al menos en Nochebuena, así que me iba al Macro, cargaba un carro, hacíamos las cestas en la Fundación y las enviábamos, la última hace tan sólo 7 meses, lo recuerdo con una ilusión tremenda. 

Carla siempre nos lo agradecía. Era la líder de un proyecto, superó a un marido que la amenazó de muerte, un cáncer y además crió un hijo, más todo lo que hizo por todas las mujeres. Por fin encontró a un nuevo hombre en Galicia, quizá su media naranja... cómo es la vida. 

Ella iba a darle la sorpresa a él, nos cuentan... Pero el tren de Santiago descarriló. Carla y su hijo de 13 años (aún recuerdo su sonrisa) ya no nos acompañan... Estaban en la lista de los 78 fallecidos. 
Lo que hiciste por decenas de mujeres jamás lo olvidaremos ni lo olvidarán. Lo que luchaste por ellas, por conseguir fondos, por hacer el mercado de artesanía... 
Parece increíble cómo la vida a veces se ceba con la gente que lo da todo y perdona a los que hacen el mal, roban y matan. En esta foto me invitaste a un té en vuestra casa de acogida en Levante. Y así te recordaré siempre, porque para mí sigues con nosotros, siempre conduciendo tu furgoneta verde, transformando los palos de la vida en energía positiva y sonrisas, en nuevos retos. Gracias por estos maravillosos años, Carla. 

Muchas muchas gracias. Desde aquí, invito a toda la gente a vivir cada momento como si el mundo se acabara en 2 horas, a exprimir los ratos, a devorar los instantes, a intentar ser felices, a querer a los queridos y a abrazar a vuestros padres, hijos, hermanos y amigos. La vida es un charco al sol...

http://lamujeresunadiosa.blogspot.com.es/


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domingo, 14 de julio de 2013

Dejar la medicación

En teoría, tras la operación, se acababan las “drogas”. Fuera medicación. Fuera las 7 pastillas diarias fijas (depende del día, había que añadir alguna más).

Y bueno, al volver a la “vida normal” pues una dice: que no, que ya no me medico. Y oye, qué bien sienta, eh. Lo que pasa es que lo de “vida normal” es un engaño, porque tú te tienes que hacer tu propia normalidad, que quiere decir: ¿Vas a un concierto? ¿De finde? ¿A una boda? ¿De despedida? ¿Sales de copas? ¿Vas a hacer algo que no sea trabajar, descansar y comer? Medícate una hora antes si quieres hacer algo más que acordarte de tu cirujano y no disfrutar más que de un dolor sordo y constante.

Así que podemos decir que NO hemos dejado atrás la medicación. Pero, por lo menos, ya no pareces una yonki, buscando en el bolso aterrada por si te has dejado el pastillero. No está mal.

El 7 de julio hizo 4 años. ¿Y qué tienes ahora? Pues tienes que reconocer que desde Navidad, para poder ir a currar como todo hijo de vecino, ya te tenías que empastillar nada más levantarte a las 6 de la mañana. Y enchufarte otra a medio día si querías acabar el día con los niños. Y apretar los dientes para no meterte otra por la noche y renunciar a dormir bien porque NO QUIERES estar tomando las mismas putas pastillas que antes de operarte. Pero desde Navidad tu convicción y tu orgullo se han ido viniendo abajo, y acabaste el curso con las 7 pastillitas diarias. ¿Qué bien, no? Fantástico.

¿Y ahora? Pues nada, como las vacaciones siempre sientan bien, aunque eches de menos muchas cosas y la incertidumbre por el futuro te corroa, pues vuelves a apretar los dientes, y a decir: ya no me medico. Porque oye, es verdad. Las has vuelto a aparcar “sólo” para ocasiones especiales (o sea, todo lo que no sea ir a la playa y tirarte a ver alguna serie o leer).


¿Y en septiembre? Bueno, depende de si te mandan a Cuenca o si tienes la suerte (cruzad los dedos por mí) de que te toque un cole cerquita de casa. Si te toca lejos, pues ya sabes: 7 al día de nuevo, total, ya no te queda fuerza para negarte a ello. Si te toca cerca, pues habrá que apretar los dientes y probar a ver cuánto tiempo puedes seguir diciendo: ya no me medico.


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