martes, 31 de enero de 2012

Cómo te sientes?

Todo es diferente. Cuando acabó la operación y me desperté, pensé que algo iba mal y que me había despertado en mitad de la intervención. Cuando sientes como si dos vigas te atravesaran la espalda, cuando tienes la sensación de haber caído de un 7º en obras y haberte incrustado en los escombros, tienes la esperanza de que algo falte por acabar. Pero el mundo se te viene encima cuando te dicen: no, ya ha acabado todo, ha ido bien. Bien? En serio? Que alguien me mate, por favor. Eso pensé, allí en la UVI, con tubos por todas partes, alguien explicándome cómo administrarme la morfina y la sensación de que una pesadilla comenzaba.

Luego te pasas más de un mes sin poder ir sola ni a hacer pis, porque tu cuerpo no te permite hacer un movimiento tan complejo como bajarte y subirte las bragas. No puedes ni ducharte sola. Y realmente te sientes humillada. Sabes que todo pasará, pero eso no evita el sentimiento.

Ayuda para todo, levantarte de la cama, vestirte, peinarte… Tu cuerpo no es tuyo. Ya no es el mismo. Es otro, uno torpe y dolorido, uno rígido al que no amas.

Pero todo cambiará y te acostumbrarás, todo volverá a la normalidad. Te sentirás un poco limitada en algunos movimientos, pero ya está. Te lo repites una y otra vez.

Y han pasado más de dos años. Y cada mañana te despiertas y las notas. Las barras. La rigidez. Ese cuerpo al que no te acostumbras, que no te parece tuyo. Con el que te sientes más torpe y más fea. Con el que no quieres vivir. Ni arreglarlo para salir, o ir de boda. Cuando vestir tu propio cuerpo es todo un drama, y te hace sentirte tan inferior, deseando ser tan pequeña que nadie se fije en ti, que nadie te mire. Cuando evitas mirarte al espejo, y te vistes de espaldas, y sales de la ducha mirando al suelo, para evitar esa visión que odias y que te hace tanto daño.

Todavía espero el día en que este cuerpo vuelva a parecerme mío, y pueda volver a sentirme cómoda en él. Para poder amarlo lo suficiente para cuidarlo un poco, para poder mantenerle la mirada alguna vez. Incluso mi cara me parece la de otra, la mía se quedó en la antesala del quirófano. Sólo espero que si se encuentra algún día en un espejo no esté tan triste como yo.

domingo, 22 de enero de 2012

Sólo te importa a ti

La gente te ve, y qué piensa? Muchos no entienden porqué tienes concedido un 52% de discapacidad. Lo ven como, anda, qué morro. No te jode. Pero es que ellos te ven bien. Te desenvuelves bien por la vida. Te esfuerzas para que te vean bien.

Nadie ve lo que te supone que te caiga el lápiz al suelo. Lo lejos que te queda ese suelo, el esfuerzo que te supone alcanzarlo. O incluso, si estás sentada a una mesa, la imposibilidad de realizar la maniobra para hacer algo tan sencillo como recuperar tu lápiz del suelo.

No ven el show de cortarse las uñas de los pies o depilarse. O secarse el pelo, levantando los brazos con un secador que para cualquier ser humano, pesa lo suficientemente poco para que no te cueste un imperio mantenerlo sobre tu cabeza un ratito.

No ven cómo vas sentada en el tren a veces, sin apoyarte en el respaldo, porque el día ha sido duro y el contacto duro del plástico se te clava como si llevara cientos de astillas. No ven el drama de encontrar el tren lleno y hacer el trayecto de media hora de pie. A fin de cuentas, tienes 29 años, tienes salud, coño!

Se hacen duras las miradas de “reproche” cuando pides ayuda para algo que, tal y como te ven desde fuera, podrías hacer tú solita. Duelen, y hacen que cada vez que hay que pedir algo sea una tortura. Cada vez, el debate. Si lo hago yo a lo mejor me descoño, a lo mejor me tengo que pasar el finde de reposo, pero no tendré que pedir ayuda. Si la pido, veré esa mirada, que a veces dice: vaya morro, y otras, sólo muestra desconcierto. Si ignoras la mirada y continúas, esa persona se queda con la sensación que le haya dado el que le pidieras ayuda. Si explicas el porqué no puedes hacerlo tú, te recuerdas a ti misma: TÚ NO PUEDES. Te da de nuevo el 52% en la cara y en alma. Te vuelves a acordar de quien ya no eres.

Y toda, toda la culpa, querida, la tienes tú. Eres tú la que se levanta por la mañana y deja en cama a la tullida. Eres tú la que se pone la capa de normalidad y se deja el alma mostrando a otra. Diciéndole al mundo que eres algo que no es verdad. Ríes pese a cualquier circunstancia, aceptas cargas y miras adelante como si pudieras con todo. Tú, permíteme que te diga, le mandas un mensaje al mundo que dice que no le necesitas. Bajar una caja llena de un altillo sola? Pues claro. Normal que, cuando tienes que pedir ayuda, el mundo se extrañe.

Quizá llegue el día en que el mundo sepa todo lo que tú ni quieres aceptar. Todas tus limitaciones. Un día en el que no vivas cada ayuda como una humillación, una herida en tu orgullo. Un día en que no te importe mostrar quien eres, con todas las consecuencias.

Ese día, descubrirás que a los que te quieren no les importa recoger lápices del suelo o bajar cajas de altillos. Sólo te importa a ti.


miércoles, 18 de enero de 2012

Solas?

Nunca

Hoy le voy a dedicar la entrada a este blog, de Nani. Su historia pone los pelos de punta y nos enseña a valorar muchas cosas. 


domingo, 15 de enero de 2012

Válvula de escape

Hay quien cree que esto es un muro de las lamentaciones. Nada más lejos de la intención. Hay quien cree que todos mis pensamientos y energías orbitan entorno a lo que aquí se lee. Nada más lejos de la realidad.

Esto ha sido fruto de un pinchazo. Un globo demasiado lleno de emociones, de sentimientos y de escondites, de mentiras y de esperanzas. Demasiado lleno, un día por fin se pincha, y tiene mucho que salir. Y seguirá saliendo.

No soy una persona negativa, los que me conocéis y me veis en mi día a día lo sabréis. Esconder todo lo que aquí ha salido e irá saliendo es difícil, y llena mucho el globo. Las energías de cada día requieren un silencio que ya no era sostenible, ni soportable. Así que este es un espacio para pinchar el globo y dejar salir todo, poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, llorando mucho y agradeciendo todos vuestros mensajes, vuestras reacciones, vuestra cercanía y comprensión. Un espacio para volcar toda esta mierda que estaba acabando conmigo, acordarme de ella unos minutos, compartirla con vosotros y seguir mi camino, mi día de niños asesinables y adorables, de sonrisas y buenos momentos, de buenos compañer@s y amig@s. Un espacio para cambiar el día entero de oprimir sentimientos y esconderlos por 10 minutos de desahogo para compartir todo aquello que me hace daño dentro y que jamás os explicaría a la cara. Soy torpe y cobarde.

Hoy soy 1r nivel de Reiki, ya me han iniciado. Y es otro paso más en el vaciado del globo. Quererse y aceptarse. Encontrar el equilibrio y saber quién eres. Hoy tengo pilas cargadas para todos vosotros si os hacen falta, y vibraciones positivas para que os lleguen en cuanto me vaya a la cama, que va a ser ya mismo.

Gracias a todos los que habéis dicho: estoy aquí. No sabéis cuánto se agradece ni cuánto emociona pensar que unas humildes palabras puedan llegar a vosotros y transmitir lo que quiero. Gracias.

viernes, 13 de enero de 2012

Antes de la operación


Y la lección de fuerza que nos dan algunas personas, de las que deberíamos aprender tanto…



martes, 10 de enero de 2012

Las cosas buenas

Un trabajo que te permite olvidarte durante 8 horas de quién eres. De todo lo que no puedes hacer. De todo lo que te cuesta un imperio. Los niños lo curan todo.

Porque ellos no saben nada de ti, pero a la vez no hay nadie que te conozca mejor. Ellos te ven tan transparente que no tienes tiempo ni posibilidad de venirte abajo, de sentirte derrotada. Sólo entras por la puerta y eres tú, pero a la vez eres todo lo que quieres ser. Todas las cosas buenas que sabes que no eres pero ellos creen que sí. Te quieren más que tú misma y te ven más virtudes que defectos. Y eso que tú no puedes ni mirarte al espejo. Pero ellos no saben juzgar, sólo te aceptan con todo lo que traes en tu maleta. Ni siquiera lo entienden, pero eso es lo que hacen. Y es tu kit kat de 8 horas, en las que te olvidas un poco de que te cuesta agacharte. De que a veces te pesa tu propio bolso. De que levantas el brazo derecho ayudándole con el izquierdo. De que aprietas los dientes para no cojear por los pasillos. De que te automedicas para que el médico no te dé la paliza con coger la baja.

Y cuando llegas a casa sientes que no eres capaz ni de gestionar la cena, pero mañana será otro día y tendrás otro kit kat de 8 horas. Y volverás a hacer cosas que en realidad no deberías sólo por no pedir ayuda. Por no sentir y recordarte que la necesitas. Por no saber quién eres o no querer saberlo.

Ahogarse en un vaso de agua, cuando en realidad hay gente con problemas mucho peores, más difíciles, y que afrontan con mucha más valentía y entereza que tú. Pero es mi vaso de agua y hoy quiero agradecer el salvavidas a Les Bruixes y a Las Putis, sobre todo. A parte de al santo varón que me soporta a diario.

lunes, 9 de enero de 2012

5 cèntims

Hace mucho que olvidé la sensación de encontrarme bien. Bien de verdad. Siempre que la gente pregunta "¿cómo estás?", la respuesta automática es: bien. Pero nunca es cierto. Hace muchos años que no es cierto la mayoría de las veces. Pero uno se cansa de decir otra cosa, de cargar a los demás con más problemas de los que ya tienen.

Así que dices “bien” y aprendes a convivir con tu dolor. Pero esto sólo es una presentación. Y en ella debo decir la verdad. No quiero ser quien soy. Aprendí a vivir con dolor constante y medicación. Pero el dolor no se conformó, y cada día ganaba terreno. Así que me operé. Para ganar calidad de vida. Para olvidarme por fin del dolor. Pero hoy no quiero ser quien soy. Vivo aferrada a la que un día fui, sin aceptar lo que ya no puedo hacer, lo que ya no seré jamás. Vivo dándole la espalda a quien soy ahora, a mi 52% y todo lo que conlleva y rabiando por todo lo que dejé atrás. No quiero ser quien soy. No quiero ser esta lisiada que, para colmo, no ha dejado atrás el dolor. Y el dolor diario te desgasta la mente y las emociones. Te oprime el pecho y te deja sin lágrimas, por todo lo que supone. Por todas las mentiras que dices y tratas de creerte. Por cada gesto que te recuerda: NO PUEDES.

Debo despedirme de la que un día fui. Decirle adiós y saber y aceptar exactamente quién soy ahora. Aprender de nuevo a sonreír pese al mordisco cambiante y poco previsible, pese a las limitaciones, pese a la tarjeta rosa. Debo decirle adiós a quien fui, y no quiero. Duele, y hasta en mi piel un rostro sin boca llora en silencio mientras observa el origen de tanto dolor.