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El día a día y la burocracia

Se me come. Primero, que si el primer trimestre es el más duro, que si hay mucha más faena que el resto, que preparar la Navidad y el fin de trimestre te deja baldada… Mil excusas, pero el resultado siempre es el mismo: los días de descanso te los pasas en la cama porque no puedes ni caminar. Eso conlleva que el segundo trimestre ya lo empiezas mal, porque entre reunión familiar y cama, no sientes en absoluto que hayas hecho el descanso mental que requiere hacer algo que te desconecte la cabeza de tus caderas y coxis doloridos. Y cuando te das cuenta… PAM! Ese maravilloso regalo burocrático que es parte de tu trabajo de acompañante de mentes infantiles: entrevistas con los padres, con sus consiguientes transcripciones al ordenador, ese gran amigo; e informes. Oh, los informes. Váyase al carajo el que los inventó. Seleccionar de una serie de frases las que consideras adecuadas para cada niño. Pero oiga, que yo convivo con ellos muchas horas. Muchas cosas son las que ves en sus ojo...

Sagrer

Ya has entregado los papeles. Y es como si una larga despedida se hubiera iniciado ya, 7 meses antes de la hora. Como si la evidencia lo fuera ahora más que nunca. Como si hasta ese momento hubiera otra opción. Te han arropado y acogido. Han conseguido que cada día sea un paréntesis. Que el camino que las separa de tu casa no sea en vano. Algunas han traspasado las barreras para hacerte encontrar algo más que una compañera. Te han arrancado sonrisas aun cuando el dolor te mordía implacable. Han convertido un edificio en tu casa. Y ahora, tras entregar los papeles en los que las descartas de tu futuro, cada detalle salta ante ti. Y por eso duele más que el camino sea tan largo y tu cuerpo tan cabrón. Por eso duele más saber que ya no puedes aguantar el castigo que supone el desplazamiento diario. Por eso hoy, que te cuesta respirar porque muerden las costillas y has cojeado hasta el tren odias más que nunca quién tienes que ser. Duele el día a día y sabes que más cerca de casa...

Asoma por tus ojos

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Aprender a lidiar con todo. A reconocerlo y afrontarlo. Con el dolor físico. Con el orgullo. Con el daño emocional producido y recibido. Con el estrés acumulado. Con el trabajo pendiente que te llama a las 3 de la mañana. Con las ganas de gritar. Con la incompetencia ajena. Y la propia. Con las veces que no dices no. Con las veces que lo dices y te apuñala. Con las sonrisas falsas de tantos. Con los rastreros. Con el daño que otros hacen a quien quieres. Con el despertador a las 6 de la mañana clavándose en tus lumbares como una daga traicionera. Con todo. Lo empujas, lo amasas, lo escondes y lo reduces a un cuadradito minúsculo para que no se escape nada. Te grapas la sonrisa. Sales a la calle. Nadie sabe qué hay en ese cubito. Con todo menos con esto. Que no sabes ni lo que es. Es el abismo en tu pecho. Un vacío desde la garganta. Una opresión que no te deja respirar. Una apatía. Una lágrima que te sorprende sin que le hayas dado permiso para salir. Una desorientación. Un sin...

Una de cal, otra de arena

Despedida. Alcohol, pocas horas de sueño, piragua, comida y juego de orientación por el monte. Y oye, al pie del cañón, como una campeona. La espalda como si no estuviese. Baño en el río asquerosillo incluido (que por joder y que acaben los novios en el agua, me baño yo también, qué coño).  Eso sí, la semana siguiente, amiga, tienes que pagar tus excesos, y pasártela encamándote a las 10 como mucho y arrastrando los pies por el cole de lunes a jueves. Menos mal que el viernes hubo el bendito festivo, que aunque me importe tres pimientos más o menos, pues se agradece el poder descansar.  Esto viene siendo el pan nuestro de cada día. Concierto un viernes a las 2 de la madrugada, aguante y disfrute, y recuperación de abuela de 80 años durante los siguientes 3 días. Cambio de armarios, siesta reparadora. O al revés, siesta reparadora y cena un jueves terrorífico en el que lo que más querrías es dormir unsa 30 horas seguidas. Menos mal que la compañía lo compensa todo y la sepia ...

La vuelta

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Después de un verano regulero en cuanto a dolor, viene el golpe seco de la vuelta al curro, contrastando con las ganas de volver a la lidia de delincuentes. Una vuelve con ilusión, y se encuentra un bajón físico digno de estudio. Todo el tiempo del mundo para hacer tantas cosas, y ahora sólo puedes levantarte a duras penas, ir a trabajar, volver en el tren deseando teletransportarte a la cama, arrastrarte a casa y morir. Que sea un mundo pensar en hacer la cena (y dejar hecho el tupper para el día siguiente). Que sea un mundo salir a pasear con Sunna (eso que tan bien te sentaba este verano). Que sea un mundo todo. Un mundo que se te clava en las escápulas aunque haga 4 días del último machaque de fisio. Un mundo que te pincha las costillas. Un mundo que te araña el coxis y te engancha la ciática. El libro languidece en el bolso porque no quieres ni mirarlo. Tus materiales de manualidades te miran desde la mesa con pena. Tu perra también te mira con cara de “ya me abandonas hasta...

Una experiencia única!

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Bueno, pues ya van 30. Madre mía cómo pasa el tiempo… Es increíble echar la vista atrás y ver el camino andado. Como mirar desde ese avión hacia abajo. Lo que atenúa el vértigo es la compañía. En el avión, la de los dos hombres que te acompañan con una sonrisa y hablando como si tirarse de un avión fuera más o menos como ir a comprar el pan. Con calma, con tranquilidad, con una broma. En la vida, la compañía es más amplia y tiene más funciones, aunque al final se resumen en la misma: que se te pase el vértigo.  El vértigo que te hace pedir que se pare el mundo. Y como lo consiguen tan bien, no queda más que pedir que se repita la experiencia. Gracias a todos los que han acompañado y acompañan este camino y hacen que suene otra música. No estarás sola, vendrán a buscarte batallones de soldados que a tu guerrilla de paz se han enrolado. Y yo en primera fila de combate abriendo trincheras para protegernos, mi guerrillera. No estarás sola, te saludarán ...

Calor? Qué va

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Es difícil aceptar que no tienes lo que quieres, cuando lo que quieres es encontrarte bien. Y es difícil para mi cabeza no darle vueltas. Soy consciente de que otros viven con peores limitaciones que las mías y viven felices y sin preguntarle a gritos al mundo porqué tienen que llevar esa carga. Bueno, les envidio, yo no soy así. Ojalá lo fuera. Así que sólo me queda observar más detenidamente las cosas buenas que me ofrece la vida, que no son pocas. Lo sé. Simplemente, mientras las observo y las agradezco a la vez me estoy preguntando porqué narices no me deja en paz el dolor ni siquiera en vacaciones. Pero bueno, algo he avanzado, al menos me lo pregunto menos a menudo. Sé quién soy. Y aunque mi cuerpo no me acompaña, soy quien quiero ser. En otro orden de cosas, las vacaciones están muy bien, pero yo echo de menos a mis brujas, y a mis 25 delincuentes, a los que despedí con lágrimas en los ojos el último día de clase. Dos años con el mismo grupo, va a ser difícil no echarl...