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Les decisions s’han de prendre amb el cap. Si hagués deixat parlar el meu cor, mai hauria fet la llista d’escoles per el curs vinent sense confirmar El Sagrer i posar-la la primera de totes. Però cada matí l’esquena em sacseja i em crida que decideixi amb el cap, no amb el cor. Segurament en una altra època hagués fet el viatge diari des de Rubí sense pensar ni un moment. Una època que ja no recor do, on el dolor no manava sobre la meva vida. Però ara ja no és així, i encara que m’ha costat moltes estones de pensar, he decidit fer cas al meu cap i a la meva esquena i intentar acostar-me a casa meva lo màxim que pugui. Quan marxes d’un lloc perquè no estàs bé allà, el canvi és com la calma després de la tempesta. Si marxes per causes alienes a tu, el canvi és dur però assumible. A mi em costa marxar d’aquí perquè sento que perdo la batalla contra el meu cos i que pel camí deixo moltes coses. Molta gent que m’ha fet sentir com a casa des del primer dia. Tot plegat es fa dur perquè he tr...

Más feliz que tú

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Después de leer el artículo de @pnique (gracias @amaterasu_n )  sólo puedo corroborar que llevo como el culo mi propia discapacidad. Soy una desagradecida con la vida y no tengo perdón por no aprender a convivir con mi puto cuerpo. Qué es lo que estoy haciendo mal? Qué es lo que me lleva a no aceptar lo que soy y disfrutar de ello? Porqué mis sombras no me guarecen, si no que me aterran? Gracias @Carmesina, @pnique y @amaterasu_n

Ideas para convivir con el dolor

Me permito hoy traeros este artículo de la Vanguardia. Gracias a  universo18  por compartirlo en el  foro ¿Tener cuentitis? Hasta no hace mucho, los médicos pensaban que el dolor debía corresponder con un problema mesurable y diagnosticable con pruebas clínicas. Mario Gestoso recuerda que incluso en la facultad de Medicina les enseñaban que si a una persona le dolía la espalda debía verse algo en la radiografía. “Tenía que salir escoliosis, hernia discal, artrosis… algo. Y se le hacían pruebas hasta dar con la causa del dolor”. Sin embargo, en ocasiones, no daban con nada. “Entonces se le decía que era un cuentista, un exagerado, o un quejica. Y aunque puede que hubiera algunos casos así, en general, esos falsos mitos han hecho mucho daño a los pacientes con dolor crónico”, admite. Eso es lo que le ha pasado toda la vida a Lucía Soriano, una chica de 31 años, profesora y aficionada al deporte. “Mi madre cuenta que desde que era bebé lloraba y me tocaba los tobi...

Consejos

El dolor es un enemigo implacable. Nunca se cansa, no se desgasta como tú. Puedes pasar una buena temporada, creyendo que lo tienes a raya, que lo dominas. Pero sólo hace falta un día de debilidad, una semana tormentosa y húmeda, o el frío del día de carnaval clavándose en tus costillas, para que le vuelvas a ver las orejas. Y lo ves ahí asomado, con su eterna sonrisa. Tu desgaste se nota, pero él… Está cada día más fuerte y paciente, y sólo espera su oportunidad para susurrarte de nuevo que no tiene intención de marcharse ni de dejarte ganar. Y a veces no puedes mentirle a la gente. Porque te ven cojear. O apretar los dientes en algunos gestos. O empastillarte como una House cualquiera (aunque ya me gustaría a mí conseguir vicodina de esa, yo me tengo que conformar con otras cosas). Y a algunos les cuentas un poco por encima que tienes ganas de arrancarte la columna. No con estas palabras, porque no es cuestión de que la gente piense que a parte de las taras físicas, también llevas...

El día a día y la burocracia

Se me come. Primero, que si el primer trimestre es el más duro, que si hay mucha más faena que el resto, que preparar la Navidad y el fin de trimestre te deja baldada… Mil excusas, pero el resultado siempre es el mismo: los días de descanso te los pasas en la cama porque no puedes ni caminar. Eso conlleva que el segundo trimestre ya lo empiezas mal, porque entre reunión familiar y cama, no sientes en absoluto que hayas hecho el descanso mental que requiere hacer algo que te desconecte la cabeza de tus caderas y coxis doloridos. Y cuando te das cuenta… PAM! Ese maravilloso regalo burocrático que es parte de tu trabajo de acompañante de mentes infantiles: entrevistas con los padres, con sus consiguientes transcripciones al ordenador, ese gran amigo; e informes. Oh, los informes. Váyase al carajo el que los inventó. Seleccionar de una serie de frases las que consideras adecuadas para cada niño. Pero oiga, que yo convivo con ellos muchas horas. Muchas cosas son las que ves en sus ojo...

Sagrer

Ya has entregado los papeles. Y es como si una larga despedida se hubiera iniciado ya, 7 meses antes de la hora. Como si la evidencia lo fuera ahora más que nunca. Como si hasta ese momento hubiera otra opción. Te han arropado y acogido. Han conseguido que cada día sea un paréntesis. Que el camino que las separa de tu casa no sea en vano. Algunas han traspasado las barreras para hacerte encontrar algo más que una compañera. Te han arrancado sonrisas aun cuando el dolor te mordía implacable. Han convertido un edificio en tu casa. Y ahora, tras entregar los papeles en los que las descartas de tu futuro, cada detalle salta ante ti. Y por eso duele más que el camino sea tan largo y tu cuerpo tan cabrón. Por eso duele más saber que ya no puedes aguantar el castigo que supone el desplazamiento diario. Por eso hoy, que te cuesta respirar porque muerden las costillas y has cojeado hasta el tren odias más que nunca quién tienes que ser. Duele el día a día y sabes que más cerca de casa...

Asoma por tus ojos

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Aprender a lidiar con todo. A reconocerlo y afrontarlo. Con el dolor físico. Con el orgullo. Con el daño emocional producido y recibido. Con el estrés acumulado. Con el trabajo pendiente que te llama a las 3 de la mañana. Con las ganas de gritar. Con la incompetencia ajena. Y la propia. Con las veces que no dices no. Con las veces que lo dices y te apuñala. Con las sonrisas falsas de tantos. Con los rastreros. Con el daño que otros hacen a quien quieres. Con el despertador a las 6 de la mañana clavándose en tus lumbares como una daga traicionera. Con todo. Lo empujas, lo amasas, lo escondes y lo reduces a un cuadradito minúsculo para que no se escape nada. Te grapas la sonrisa. Sales a la calle. Nadie sabe qué hay en ese cubito. Con todo menos con esto. Que no sabes ni lo que es. Es el abismo en tu pecho. Un vacío desde la garganta. Una opresión que no te deja respirar. Una apatía. Una lágrima que te sorprende sin que le hayas dado permiso para salir. Una desorientación. Un sin...